sábado, 31 de enero de 2009

C'est l'amour

Ser querido es posible: ser amado, relativo.
"No encuentro humor en el amor" cantaba Berlanga, y que razón tenía; en las dos partes del amor imposible existe quien se rie, y quien olvida lo que es sonreir.
Entregar todo a una persona no sirve de nada cuando de los dos, ambos partes de una misma historia, solo uno es quien pone de su parte, mientras tanto el resto del mundo gira y gira, como si nada, independientemente del sufrimiento, que desencadena la amargura.
¿Qué decir de la amargura? La conozco bien, hemos convivido durante años y sigue a mi lado, compañera constante de batallas morales que día a día me contagian cada vez más de ese sentimiento de rabia e impotencia, porque, ¿Qué decir de la impotencia? pues como de la amargura, es algo que roza los lindes de lo irracional cuando de amar se trata.
Creer en alguien, sentir a alguien, ver lo que los demás no ven no sirve, no vale, es un paso en vano en un camino árduo por recorrer, solo, una vez más.
Tras la amargura y la impotencia aparece el remordimiento; "El remordimiento es como una mordedura de perro en una piedra, una tontería". Así era como Nietzsche describía, de una forma simple, que la mala conciencia sobre un acto ya ocurrido es una insensatez y una banalidad, pero es algo que el ser humano, tal que es, como sus instintos le ordenan, posee como algo intrínseco cual órgano vital, en este caso, en asociación metafórica, hablemos del corazón.
Y es que el corazon duele, más que cualquier otra cosa, cuando se ve quebrado por el amor, amor que, hablando de mi experiencia, no es correspondido.
Fuerza es lo que da sentirse así, pues soy fuerte a rabiar, bien a mi desgracia o a mi suerte, pero quiero sentir, al fin, la debilidad de lo que es amar y ser amado.



Halecs Malaria.

jueves, 22 de enero de 2009

Flagelación y duchas frías


Todo se transforma.
Sé que nadie cambia, y eso es algo que tengo como verdad absoluta. Es tan simple como que, cada uno de nosotros va evolucionando, dejandose llevar por su moral, destapando poco a poco un ser que es tal cual uno es, no como quiere, ha querido, o querrá ser.
Pretensiones de perfección hay muchas, intenciones de alcanzar un objetivo bonito para el resto representando una obra de teatro sin guión ni escenario hacen que, aquel vaso lleno de pequeñas gotas, se llene al máximo hasta que no da para más.
Bien es cierto que hace un año no imaginé como soy ahora, y tampoco hace cinco minutos lo imaginaba; hoy, tampoco imagino como seré mañana ni dentro de un tiempo relativamente extenso.
Nunca he pretendido ser algo que no soy para gustar, para que me quieran o para llamar la atención, otros en cambio, sí lo han hecho, lo hacen, y lo seguirán haciendo hasta que ese vaso colme de una vez; yo nunca he tenido vaso.
"Mis amigos han cambiado, ya casi ni hablo con ellos, parecen otras personas" es una frase que frecuentemente aparece en cualquier conversación. Esos amigos han acabado su show, se cansaron de ser el Javier Gurruchaga de su Orquesta Mondragón particular, un espectáculo muy excéntrico, preparado y bonito pero que en realidad lo que cubre es a una persona normal y corriente que, al fin y al cabo, se cansó de ser Javier Gurruchaga en un escenario que dura toda una vida.
Como uno no cambia, se cansa de querer a personas que hacen una gran función teatral cayendo en el mismo sitio una y otra vez. La reciprocidad de un sentimiento tan importante como el afecto, es algo que no se da con mucha frecuencia en la gente que te quiere solo cuando está en su plató de televisión mental, mientras que cuando la emisión del programa cierra por desgaste, se les olvida lo que es querer.
Pues bien, yo quiero a gente sin disfraz, sin vaso y sin la necesidad existencial de vivir rodeado de un público que solo está ahí mientras dura el show, el espectáculo, la función o cualquier cosa parecida porque, es ahí, donde se demuestra la honestidad de quien nunca quiso querer para ser querido y a su vez, quiere al ser querido, y eso, al fin y al cabo, vale más que cualquier aplauso mientras se interpreta un papel.
Halecs Malaria.

jueves, 8 de enero de 2009

Que digan misa

Sois patéticos.
Sí, lo sé, para parecerme a vosotros tendría que empezar por ser una copia barata de alguna estatua de mármol, cara perfecta, cuerpo perfecto, frío, inmóvil, sin rasgos distintivos, sin corazón, tendría que estar falto de personalidad, y me tendrían que cagar las palomas encima.
Yo, aquel que no tiene nada, tampoco tiene nada de todo eso ni falta que le hace.
¿Para ser como vosotros? Soy mejor que todo aquel que se considera dueño de la vida de los demás, soy mejor que todos los que saben que pueden tener lo que quieran y juegan con esa ventaja, soy mejor que quien pretende hacer daño y sobretodo, la egolatría, hasta hoy, no es algo que haya hecho acto de presencia como una forma de jactarse de las carencias de los demás, por eso, soy mejor que vosotros.

El tiempo lo dice todo y el silencio lo guarda la espera, ya llegará vuestro momento, en el cual yo me sentire mejor que vosotros, todavía más.

Sois escoria. ( Esta frase dedicada a Ibti xD )


Halecs Malaria

miércoles, 7 de enero de 2009

Póker para un perdedor

Quien lo tiene todo, quiere jugar.
Quien lo tiene todo, lucha contra el vacío en un campo de batalla en el que la amplitud de posibilidades que posee, roza con lo irracional.
Quien lo tiene todo, quiere más.
Y está más que claro, quien lo tiene todo, juega, lucha, y roza con lo irracional bajo la mirada de aquel que no tiene nada.
Aquel que no tiene nada es una ficha del juego.
Aquel que no tiene nada, es el vacío del campo de batalla.
Aquel que no tiene nada, es la racionalidad que crea la excepcion en lo imposible, que quien lo tiene todo pretende crear.
Aquel que no tiene nada es un perdedor.
Aquel que no tiene nada, pocas veces consigue algo.
Aquel que no tiene nada, siente dolor por cada movimiento en el tablero.
Aquel que no tiene nada, es un simple maniquí defectuoso.
Aquel maniquí defectuoso está, en el tablero, cuando no hay nadie más.
La hipocresía de quien lo tiene todo hace más llevadero un mundo propio en el que, sin lugar a dudas, la simetría de sus pasos habla por si sola.
Aquel que no tiene nada abre los ojos.
Quien lo tiene todo, actúa de una forma predecible, o en su defecto, de una forma en la cual las huellas perfectas de un andar constante e inequívoco dejan mucho a la luz; se sabe por qué camina, o por qué mueve las fichas.
Aquel que no tiene nada, la ficha, el maniquí defectuoso, la inferior de las fichas de un juego de muchos en el que ganan muy pocos, siente rabia.
Aquel que no tiene nada, aquel que no lucha con pretensiones de dolor ajeno, aquel que vive la vida más que como juego, como un sentimiento, es aquel que siente que al no tener nada, no es dueño ni de su propia vida.

Aquel que no tiene nada tiene algo que Quien lo tiene todo no posee, dignidad.



Halecs Malaria.

miércoles, 5 de noviembre de 2008

Como el hielo.


El tiempo perdido no me molesta, es más, me da igual invertir horas de mi vida pues no la valoro como tal, una vida. No me interesa conservarla ni tratarla bien, tenerla entre algodones para que sea plácida y duradera. En cambio, tu vida, sí me interesa.
¿Qué fue de todo aquel tiempo que gastamos juntos? Nada más que simple nieve que al tocar el suelo no cuaja, sólo eso.
Y tras pensar que yo no caigo en la misera me vuelvo a tropezar, una y otra vez, por gusto o por ignorancia, en un círculo del que muy pocas veces puedo salir, más bien..., una espiral.
Rodeo la línea que forma cada curva intentando llegar al extremo de salida pero una vez más caigo al centro antes de ver el objetivo, de observar la meta que tan planteada está pero que tan borrosa asimilo.
Retomo la pregunta una vez más
¿Qué fue de nuestro tiempo?
Quiero pensar que tu no lo has olvidado, que por un segundo tu subconsciente me recuerda como aquel que fui para ti, aquel que creí ser para ti, o simplemente aquel que en realidad no fui. Pierdo el tiempo dando vueltas, una y otra vez, a lo que vimos, rodeando la memoria a largo plazo que con mucho gusto perdería... ¿por qué? para ser feliz.
Son demasiados los momentos tristes que recuerdo del pasado, hechos que en su momento fueron felices, por lo menos para mí, pero... ¿de qué me sirve ser un simple recuerdo en un abismo de olvido? Un recuerdo perdido, sólo, como pez que se muerde la cola dando vueltas a sí mismo una y otra vez sin que nadie le rescate de la ignorancia a la que ha sido sometido.
¿Y quién me recordará? Tiempos felices, tristes, alegres y amargos perecerán en la batalla atemporal que la humanidad pretende llamar inmortalidad, ¿para qué? mis pensamientos son eternos y lo serán mientras alguien me recuerde, en cambio... ¿tú ya no lo recuerdas? esas horas, esos días de largas conversaciones y de reflexiones absurdas que tanto nos gustaban, ¿y qué? todo está olvidado en este mundo de especies que, como bien dijo Darwin, evolucionan, sí, pero también desaparecen y se olvidan, como mis eternos recuerdos, por tanto, me da igual que, como ya he repetido hasta la saciedad, me hayas olvidado, mientras sea mi recuerdo lo que quede en mi memoria para sentirte una vez más como si estuvieras de nuevo a mi lado, palpar ese recuerdo eterno para mí y olvidado para el universo, para ser yo, esta vez, quien ponga el punto final.
Álex M.