jueves, 22 de enero de 2009

Flagelación y duchas frías


Todo se transforma.
Sé que nadie cambia, y eso es algo que tengo como verdad absoluta. Es tan simple como que, cada uno de nosotros va evolucionando, dejandose llevar por su moral, destapando poco a poco un ser que es tal cual uno es, no como quiere, ha querido, o querrá ser.
Pretensiones de perfección hay muchas, intenciones de alcanzar un objetivo bonito para el resto representando una obra de teatro sin guión ni escenario hacen que, aquel vaso lleno de pequeñas gotas, se llene al máximo hasta que no da para más.
Bien es cierto que hace un año no imaginé como soy ahora, y tampoco hace cinco minutos lo imaginaba; hoy, tampoco imagino como seré mañana ni dentro de un tiempo relativamente extenso.
Nunca he pretendido ser algo que no soy para gustar, para que me quieran o para llamar la atención, otros en cambio, sí lo han hecho, lo hacen, y lo seguirán haciendo hasta que ese vaso colme de una vez; yo nunca he tenido vaso.
"Mis amigos han cambiado, ya casi ni hablo con ellos, parecen otras personas" es una frase que frecuentemente aparece en cualquier conversación. Esos amigos han acabado su show, se cansaron de ser el Javier Gurruchaga de su Orquesta Mondragón particular, un espectáculo muy excéntrico, preparado y bonito pero que en realidad lo que cubre es a una persona normal y corriente que, al fin y al cabo, se cansó de ser Javier Gurruchaga en un escenario que dura toda una vida.
Como uno no cambia, se cansa de querer a personas que hacen una gran función teatral cayendo en el mismo sitio una y otra vez. La reciprocidad de un sentimiento tan importante como el afecto, es algo que no se da con mucha frecuencia en la gente que te quiere solo cuando está en su plató de televisión mental, mientras que cuando la emisión del programa cierra por desgaste, se les olvida lo que es querer.
Pues bien, yo quiero a gente sin disfraz, sin vaso y sin la necesidad existencial de vivir rodeado de un público que solo está ahí mientras dura el show, el espectáculo, la función o cualquier cosa parecida porque, es ahí, donde se demuestra la honestidad de quien nunca quiso querer para ser querido y a su vez, quiere al ser querido, y eso, al fin y al cabo, vale más que cualquier aplauso mientras se interpreta un papel.
Halecs Malaria.

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