Ser querido es posible: ser amado, relativo.
"No encuentro humor en el amor" cantaba Berlanga, y que razón tenía; en las dos partes del amor imposible existe quien se rie, y quien olvida lo que es sonreir.
Entregar todo a una persona no sirve de nada cuando de los dos, ambos partes de una misma historia, solo uno es quien pone de su parte, mientras tanto el resto del mundo gira y gira, como si nada, independientemente del sufrimiento, que desencadena la amargura.
¿Qué decir de la amargura? La conozco bien, hemos convivido durante años y sigue a mi lado, compañera constante de batallas morales que día a día me contagian cada vez más de ese sentimiento de rabia e impotencia, porque, ¿Qué decir de la impotencia? pues como de la amargura, es algo que roza los lindes de lo irracional cuando de amar se trata.
Creer en alguien, sentir a alguien, ver lo que los demás no ven no sirve, no vale, es un paso en vano en un camino árduo por recorrer, solo, una vez más.
Tras la amargura y la impotencia aparece el remordimiento; "El remordimiento es como una mordedura de perro en una piedra, una tontería". Así era como Nietzsche describía, de una forma simple, que la mala conciencia sobre un acto ya ocurrido es una insensatez y una banalidad, pero es algo que el ser humano, tal que es, como sus instintos le ordenan, posee como algo intrínseco cual órgano vital, en este caso, en asociación metafórica, hablemos del corazón.
Y es que el corazon duele, más que cualquier otra cosa, cuando se ve quebrado por el amor, amor que, hablando de mi experiencia, no es correspondido.
Fuerza es lo que da sentirse así, pues soy fuerte a rabiar, bien a mi desgracia o a mi suerte, pero quiero sentir, al fin, la debilidad de lo que es amar y ser amado.
Halecs Malaria.
sábado, 31 de enero de 2009
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