miércoles, 7 de enero de 2009

Póker para un perdedor

Quien lo tiene todo, quiere jugar.
Quien lo tiene todo, lucha contra el vacío en un campo de batalla en el que la amplitud de posibilidades que posee, roza con lo irracional.
Quien lo tiene todo, quiere más.
Y está más que claro, quien lo tiene todo, juega, lucha, y roza con lo irracional bajo la mirada de aquel que no tiene nada.
Aquel que no tiene nada es una ficha del juego.
Aquel que no tiene nada, es el vacío del campo de batalla.
Aquel que no tiene nada, es la racionalidad que crea la excepcion en lo imposible, que quien lo tiene todo pretende crear.
Aquel que no tiene nada es un perdedor.
Aquel que no tiene nada, pocas veces consigue algo.
Aquel que no tiene nada, siente dolor por cada movimiento en el tablero.
Aquel que no tiene nada, es un simple maniquí defectuoso.
Aquel maniquí defectuoso está, en el tablero, cuando no hay nadie más.
La hipocresía de quien lo tiene todo hace más llevadero un mundo propio en el que, sin lugar a dudas, la simetría de sus pasos habla por si sola.
Aquel que no tiene nada abre los ojos.
Quien lo tiene todo, actúa de una forma predecible, o en su defecto, de una forma en la cual las huellas perfectas de un andar constante e inequívoco dejan mucho a la luz; se sabe por qué camina, o por qué mueve las fichas.
Aquel que no tiene nada, la ficha, el maniquí defectuoso, la inferior de las fichas de un juego de muchos en el que ganan muy pocos, siente rabia.
Aquel que no tiene nada, aquel que no lucha con pretensiones de dolor ajeno, aquel que vive la vida más que como juego, como un sentimiento, es aquel que siente que al no tener nada, no es dueño ni de su propia vida.

Aquel que no tiene nada tiene algo que Quien lo tiene todo no posee, dignidad.



Halecs Malaria.

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